lunes, noviembre 26, 2007
Tú
pues hizo una obra de arte
en un lienzo de piel
llamada: Tú.
Poniendo en ella toda belleza que podía encontrar.
Puso el brillo de las estrellas en tus ojos,
puso en tu voz el hermoso canto de un ave,
y de las rosas puso el rojo en tus labios,
y en tu piel la suavidad de sus pétalos.
Puso en tu pecho un corazón de oro,
y tu alma la hizo de cristal, hermosa, pero frágil.
Tu carácter tan fuerte como el diamante,
tu caminar como el dulce movimiento
de una bella pluma en el aire.
Si he de decir alguna vez
que hay una palabra
que represente todas estas bellezas,
diré que esa palabra es: Tú.
Porque tú, y sólo tú... eres así de hermosa,
porque tú, y sólo tú... lo mereces,
porque tú, y sólo tú... haces que todo lo demás brille,
porque tú, y sólo tú... eres la dueña de mi corazón.
Te Amo.
viernes, noviembre 23, 2007
Amor
¡Ah! Qué maravilla ver tu rostro en ese preciso instante y después sentir como el aroma de tu cuerpo se había quedado impregnado en mi piel como queda el rocío impregnado sobre el césped en una linda mañana de verano haciéndole compañía.
Gracias, amor, por el obsequio más grande y hermoso que el amor mismo puede otorgar.
jueves, noviembre 08, 2007
Con dedicatoria
-Nunca me habían hecho el amor con tanto amor…- le dijo él mientras descansaba, y tomaba aliento. Ella recargada en su pecho y aún jadeante solo pudo cerrar los ojos y asentir con la cabeza, abrazarlo y volver a decirle con el lenguaje del cuerpo lo mucho que había esperado por ese momento sin esperarlo del todo.
Si ella decidió darle toda esa carga de papeles fué por que estaba más que segura que jamás lo volvería a ver. Llevaba un año sin verlo y definitivamente la maestría en Valencia no era exactamente un buen augurio de encuentro, y como la vida puede cambiar en cualquier momento decidió meter todo aquello en un sobre amarillo y enviárselo por correo.
Los mensajeros son más seguros, o por lo menos se cercioraría de que él aún viviera ahí.
-disculpe, buenas tardes, ¿vive aquí el señor Fernando Olivares?-
La mujer, con actitud desconfiada que le abre la puerta al mensajero solo mueve la cabeza…
-Te llegó esto- dijo la misma mujer,
-gracias mamá- dijo Fernando, y tomando aquel sobre un tanto abultado, con cara de sorpresa y emoción de niño, subió a su cuarto.
Al abrir el sobre y sacar el fajo de hojas supo quien podría habérselas enviado, comprobó sus sospechas solo con leer las primeras líneas:
Sé de la especial emoción que sientes por recibir una carta, y mas si se trata de cientos de ellas juntas… Esto es toda mi mente cuando estaba concentrada en ti, unas hojas mas son solo bocetos de una frustración y otras cuantas son la prueba de una nostalgia pura y dolorosa, esto es lo único que pude darte desde el momento en que comenzaste a formar parte de mi historia…todo esto es la recopilación de 6 años de recordarte diariamente, pensarte muchas veces y soñarte de vez en cuando. Ahora que me voy y que tengo garantizado el hecho de que no verás mi cara de vergüenza, puedo darte todo esto, espero que sirva para que dediques un minuto del día a la mujer que te amó con locura y a la que tuviste el honor de rechazar
Con la imprudencia y el arrepentimiento de siempre
Alicia
Las subsecuentes hojas lo mantuvieron pegado toda la noche, hoja tras hoja se iba revelando el frustrado amor y el dolor que provocó… no solo sorpresa, melancolía, tristeza, risas y hasta llanto le hicieron sentir a Fernando las humildes y pálidas hojas…

II
Alicia Guzmán, Alicia Guzmán, Alicia Guzmán… miles de veces buscó y preguntó por éste nombre. A los amigos mutuos de la preparatoria, a los conocidos, en Internet, en el directorio, y nada, solo la prueba de que ya no estaba, de que había partido quien sabe a donde y él sin poder decirle que ya lo había leído todo, que ya lo sabía y que no se fuera… otra vez…
-Dicen que la distancia es el olvido- comenta Alicia parafraseando una canción a un barman español, -eso de estudiar periodismo tiene sus desventajas ¿sabes?- Alicia estaba un poco ebria y no sabía lo que decía, usaba el alcohol para justificar la honestidad hacía si misma, dos años ya en España le habían hecho recordar las cosas que había dejado allá en su tierra natal y las cosas que quizá siguieran ahí sin moverse ahora que regresaría, y sin duda las cosas nuevas que ella llevaría, como la completa pérdida de fe en el amor y una vida de prolíficos, abundantes pero controlados excesos, libre y delimitada por su propia libertad…
Fernando nunca ha sido de los que lleva cosas inútiles en las maletas, y menos si se trata de un viaje tan largo como éste, además ¿para que querría aquel sobre amarillo en su nueva vida inglesa…? Seguramente para que sea una de las pocas cosas que podrá leer en español, lo que le haga recordar su lengua, después de todo, su licenciatura de lengua inglesa no lo es todo ¿o si? En el aeropuerto le dá una última revisada a su maletín de mano, y sí, ahí están, en primera fila, las hojas pálidas que le servirán de compañía.
La escala en Londres no suena muy conveniente, se dice Alicia, pero bueno, unas horas mas o unas horas menos para llegar a México después de tanto tiempo no serán mucho, pero es que ella odia hacer conexiones, y más si su fuerte nunca ha sido el inglés… maldito inglés, ¿a quien le recuerda?
No es demasiado, a fin de cuentas solo es una hora de espera antes de que salga la conexión Londres-York, puede darse un tiempo para almorzar y leer un poco, Fernando siempre ha disfrutado de una buena lectura con un poco de café.
-Perfecto, justo lo que me faltaba, la sala equivocada, ¿ por que nunca aprendí a hablar ingles?- Alicia tendría ahora que correr de un extremo a otro del aeropuerto Heltrow de Londres, su conexión saldría en 20 minutos y estaba completamente perdida, no le queda más que correr, correr, correr…
-Quizá no tome nada, sería pagar por el agua más cara de mi vida solo para poder fumar un cigarrillo- pensaba Fernando mientras veía correr a una mujer que de inmediato le pareció conocida. -¿Alicia?- ni siquiera le respondió a su pensamiento, todo lo que hizo fue correr, correr, correr…
-Por favor, que se retrase el vuelo, no me puede dejar… maldito idioma de mierda-
-Por favor no corras tan rápido, detente, ¿eres tu?
-Maldita sea que no puedo correr más rápido… estoy agotada, no voy a llegar
-Maldita sea ¿qué no me oyes?- ¡ALICIA!
Alicia se detuvo un poco por que sus piernas ya no daban más, un poco por que le pareció que algo la detenía, un grito tal vez… ¡ALICIA!... -¿escuché mi nombre?- ¡ALICIA, ESPERA!
-Se supondría que esto no debería de pasar… jamás te volvería a ver-
-Sí, lo supuse, pero ¿donde has estado?, te he buscado desde que recibí tu paquete-
-Precisamente por eso no nos veríamos nunca, ¿recuerdas mi cara de vergüenza?-
Ambos ríen nerviosamente, Alicia baja la mirada apenada para luego subirla y mirarlo a los ojos
-Has cambiado-
-Tú también…-

-Nunca me habían hecho el amor con tanto amor…- le dijo él mientras descansaba, y tomaba aliento. Ella recargada en su pecho y aún jadeante sólo pudo cerrar los ojos y asentir con la cabeza, abrazarlo y volver a decirle con el lenguaje del cuerpo lo mucho que había esperado por ese momento sin esperarlo del todo.
Alicia se levantó de la cama al sentirlo dormido, se vistió, recogió sus cosas, y le dio un beso en la frente, va de camino al aeropuerto, un avión con destino a México la espera… va retrasada y sólo tiene 20 minutos…
lunes, septiembre 17, 2007
Te regalo
y una que otra poesía
que poco a poco iré escribiendo sin mirarte
debajo de este zapato,
apoyado en estas rodillas
que cargan algo más que mi carne.
Te regalo mis horas vacías
y miles de papeles en blanco
donde habitan y lloran mis mejores escritos.
Es tuyo el camino
y el oasis al final del camino,
la sombra y aquella tarde lluviosa
que se acostumbró a dormirse en mi hombro.
Es tuyo mi silencio
y esa armonía dulce que al sentirte
olvidó marcharse de mi sonrisa.
Te regalo mis noches, mi almohada
y cada uno de mis sueños.
También mis amaneceres
y mis ojos oscuros
que no son negros.
Te regalo todo,
infinidad de cosas y sucesos
que indudablemente
te pertenecen por derecho...
jueves, julio 12, 2007
Conversación con mi mente.
-Mmmm no sé, déjame encender la luz. Las tres con quince minutos, hora del centro de esta habitación.
-¿A qué hora nos acostamos?
-Pues... estuvimos leyendo un rato, cuando terminamos apagamos la luz a eso de la una de la mañana.
-Qué lento pasa el tiempo cuando lo único que intentas es dormir.
-Cierto, el tiempo es relativo. La otra noche pensaba en eso, las personas experimentan el paso del tiempo de maneras muy diferentes, esta noche por ejemplo, pasará desapercibida para quienes duermen mientras que para nosotros se antoja eterna, que aunque intentamos dormir estamos más que despiertos.
-No quieras hacerte el inteligente, eso ya lo dijo Einstein. El tiempo no es lineal, es siempre relativo al punto en el que nos encontramos.
-¿Y en qué punto nos encontramos?
-Pues... físicamente, en esta habitación y esta cama. Pero obviamente no es eso a lo que te refieres. Es probable que estemos ubicados en un plano mental de profunda actividad cerebral, misma que nos impide dormir, estamos flotando en nuestros pensamientos y recuerdos, un lugar en el que el tiempo parece detenerse precisamente por la rapidez a la que viajamos.
Una especie de viaje cerebral, no sé.
-Cuando hablas así me pareces un tonto. Mejor deberíamos levantarnos,
prender la computadora y ponernos a escribir.
-Sabes perfectamente que eso no va a funcionar, ya lo has intentado muchas veces y en cuanto te sientas frente al teclado con todas esas ideas brillantes y originales no consigues escribir ni un párrafo coherente. Comienzo a pensar que más que narrador eres poeta, un poeta fracasado
precisamente porque nunca escribes.
-Bueno, ¿entonces qué? ¿Nos ponemos a leer?
-No, porque vas a encender la luz y en cuanto comiences a leer no vas a entender nada. Será como leer palabras inconexas y después de un rato te darás cuenta que no entendiste nada en diez páginas.
-Ahhh... si tan sólo tuviéramos sexo... Ya sabes, una de esas cogidas en las que terminas sudoroso, exhausto y feliz. Tan relajado que cuando cierras los ojos, abrazas a tu chica y, mientras aspiras el perfume de su cuerpo, te vas hundiendo en un sueño profundo... tranquilo.
-Sí, pero pequeño problema, no tenemos chica. Aunque siempre queda la posibilidad de masturbarnos, ¿qué te parece, lo intentamos?
-La memoria te falla... si mal no recuerdas, te masturbaste hace como una hora sin resultados satisfactorios, si seguimos así vas a terminar con la mano acalambrada y no debe ser saludable desperdiciar tanto semen... van a crecer plantas carnívoras en este colchón.
-Caray... debimos salir esta noche. Ya sabes, irnos de parranda, bebernos unos tragos, escuchar buena música y dejar que el destino hiciera el resto, quizá hubiera encontrado esta noche a la chica de mis sueños en vez de estar hablando contigo ahora. En el peor de los casos con unos vodkas encima siempre dormimos tranquilos, ¿no?
-No creo encontrar nuevamente a la chica de mis sueños en un bar. Sucedió una vez, sí... pero antes de encontrarla pasaron años de noches vacías... Y siento que estoy regresando a esa etapa, ya sabes, la del solitario de bar, el tipo duro y misterioso, aquel que seduce mujeres que en el fondo detesta... es patético.
-Bueno, no puedes ser tan duro, guardamos buenos recuerdos de esas noches, ¿no? Sólo es una cuestión de actitud, si quieres pasarla bien lo vas a hacer. Además no puedes quejarte... conoces a varias chicas guapas con quienes podrías pasarla bien, incluso podrías conseguirte una buena amante si te lo propones... si lo hicieras podríamos volver a dormir como Dios manda y me evitarías la molestia de conversar contigo todas las noches.
-No necesitamos sexo, eso es un hecho y lo sabes.
-Por lo menos coger es más entretenido que estar desperdiciando mis valiosas horas de sueño contigo. Y ya sé que lo que deseamos es otra cosa. En fin, supongo que hay que tener paciencia. ¿Cuándo fue la última vez que nos enamoramos?
-Enamorarse es fácil, nunca ha sido problema, la última vez fue con ........ Era una chica hermosa, parecía una modelo y se lo dije.
-Te enamoraste de ella pero sólo quedó en la memoria como un hermoso recuerdo de quince minutos en tu vida.
-El enamoramiento es utópico y efímero, sucede constantemente, enamorarse de mujeres reales, imaginarias e imposibles. Eso no sorprende, creo que nuestra capacidad de enamoramiento es ilimitada.
-Ahora el que suena como un autentico estúpido eres tú, ahora me explico porque ninguna chica quiere estar contigo si cuando te pregunta si la amas le sales con una respuesta de ese tipo.
-Enamorarse es diferente a amar. Y no diré lo que significa amar porque detesto sonar a canción de José José. Además sabes perfectamente lo que amar implica.
-Nostalgia. Al menos ahora eso implica. No puedes dormir y te pasas la noche entera revolcándote en las sábanas pensando en cosas que no quieres pensar y revolviéndote la cabeza de ideas contradictorias, por eso mismo necesitas hablar con alguien que te comprenda, y quién mejor para comprenderte que tu mismo.
-¿Amar a una persona, o al recuerdo de esa persona?
-¿Y por qué no preguntar mejor si esa persona nos ama, si ella, en estos momentos duerme o si se revuelca en las sábanas como nosotros?
-Mejor aún: ¿nos amó alguna vez o todo fue una ilusión?
-Ese es el problema precisamente, el amor visto sólo desde este ángulo. Si nunca fue amor lo que esa mujer sintió por ti sería más fácil superarlo porque eso deja las puertas abiertas al rencor. En cambio, si esa mujer te ama, eso complica todo. ¿Cómo pueden estar separadas dos personas que se aman?
-Ya lo dijo Ian Curtis: el amor nos va a separar. Amar no es estar enamorado, implica muchísimas cosas más que sólo sexo, cariño y empatía.
-¿Y todo este tiempo invertido para qué? ¿Para aclarar las ideas o para olvidar?
-Qué pregunta. Regresamos a Einstein, el tiempo es relativo y nunca será el mismo para ti que para ella. Quizá ella este durmiendo muy tranquila ahora mientras nosotros nos hacemos bolas en esta conversación sin sentido, que no es más que la misma conversación que hemos tenido siempre y que probablemente seguiremos teniendo.
-El amor es absurdo.
-La vida entera es absurda, si lo piensas, no tiene sentido alguno... quizá el único sentido de la existencia humana es la reproducción: fornicar. La vida es así... un aventura, un viaje sin destino más que la muerte, buscarle un sentido sólo te mete en más problemas.
-Hay quien encuentra el destino en sus vidas, no sé... ser terrorista, guerrillero, artista famoso o presidente. Vive sólo para algo en particular y lo consigue.
-Cierto, pero son psicópatas. A nosotros nos gusta sentarnos frente a la ventana y mirar el mundo girar, hay quien nos tacharía de inútiles y aburridos sin ambiciones.
-¿Crees que ella nos miraba como alguien sin ambiciones?
-No lo sé, a lo mejor esperaba una propuesta formal de matrimonio, o quizá quería que fueras el alma de las fiestas o que te convirtieras en toda una joven promesa de la literatura nacional y la llevaras de vacaciones cada año a Europa. Quizá no soportaba tu estilo de vida.
-¿Mi estilo de vida? ¿Qué significa eso? Nunca le propuse ser swingers o junkies. No entiendo muy bien eso.
-Pues es simple... Quizá se hartó de tus filosofías mentales, de tu ambición económica y social, de que seas un tipo duro y borracho.
-Mmm no creo ser un tipo duro, me gusta beber en ciertas condiciones, de hecho creo que estaría mejor bebiendo ahora que platicando contigo, pero eso no me convierte en alcohólico.
-Cuestión de enfoques. Quizá para ella seas más borracho de lo que imaginas, o quizá se ve dentro de 10 años junto a ti con 2 hijos siendo la mujer de un padre irresponsable, ebrio y sin ambiciones, ¿no crees?
-No sé. La gente modifica su conducta de acuerdo al entorno que le rodea, no puedes ser un adolescente infernal toda la vida. Y después de todo si alguien quiere ver en ti un borracho, eso vas a ser no importa si bebes uno o diez vodkas. Son cosas que la gente ya trae encima, te clasifica y no te da el beneficio de la duda, simplemente deja de confiar en ti porque
ya está lastimada y ve un futuro de perros junto a ti.
-Ah, el futuro es tan absurdo, la gente debería poner más atención en el presente. El pasado y el futuro son sólo fantasmas que arruinan el momento que vivimos. El miedo a poner en peligro un futuro incierto y el peso de los errores del pasado. En fin... la gente debería ponerse frente al
universo para darse cuenta de lo infinitamente pequeños que son sus problemas.
-En fin... nuestro problema es que no podemos dormir, estamos nostálgicos y punto... nada que no se pueda resolver.
-Dicen que la nostalgia es buena para la creatividad. Deberías escribir algo al respecto, por ejemplo puedes transcribir esta conversación.
-¿A quién le interesaría saber porque diablos no puedes dormir? En esta ciudad hay millones de personas que tampoco pueden dormir y cada uno tiene sus razones muy particulares, no veo porque alguien habría de encontrar interesantes nuestros problemas.
-Mmmm... tienes razón. Podría ser peor, al menos no estamos solos.
-Ahá, nos tenemos el uno al otro.
-En fin... cierra la boca de tus pensamientos e intenta descansar.
-Ok
-Bien
-Mmmm
-¿Mmmm?
-Mmmm... Dime, ¿tu también crees que esta cama es demasiado pequeña.
-Bueno, pues si quieres saberlo te diría que te consiguieras una más grande, que cambiaras el colchón, este está muy duro y tus almohadas parecen de piedra. Quizá por lo mismo no puedes dormir. Tampoco las paredes blancas me gustan y todo este desorden de ropa y cosas me tienen
harto.
-Está bien, Paco, cambiare el colchón y las almohadas.
-Y tienes que hacer tu cama todos los días, detesto acostarme aquí con todos estos libros y revistas amontonados. Me escuchas, Paco?
-Ok, prometo quitar todo esto mañana... Paco, por favor, déjame dormir.
Recuerdo
volviste a cautivarme,
me dejaste sin aliento
indefenso en desconcierto.
Con tu mirada me abrazaste,
tomaste mi corazón,
y con el roce de tu mano
cortaste mi respiración.
No me doliste como antes
trajiste paz y resplandor
no sé si aún lo recuerdes
pero me muero por tu amor.
domingo, mayo 06, 2007
Labios que no besan
Me queda toda una vida para olvidarte pero no sé si será suficiente tiempo. Me queda toda una vida para acostumbrarme a vivir sin ti pero no sé si pueda hacerlo. Porque no basta una vida por delante para dejar atrás mi vida contigo. Ni tampoco hay tanto tiempo en el futuro como para poder olvidarme de lo nuestro. ¿Bastaría la eternidad? Quizás sí, pero tal vez seguiría pensando en ti todo ese tiempo.
Por eso mientras tanto voy a subastar algunas cosas: viejas ideas, frases trilladas, promesas rotas, te quieros falsos, te odios ciertos, suspiros rancios. Y tiraré algunas otras: decenas de minutos desperdiciados, cajas llenas de lamentos, brindis amargos, estúpidos rencores y sueños caducados.
Me queda toda una vida por vivir, es cierto. Pero ahora mismo me siento ser un otro, como una lluvia que no moja, como una llama que no quema, como una playa sin arena, como un pecado sin su pena, como una fecha que no llega, como exiliado en propia tierra. Mis lágrimas se aferran por no salirse de mis ojos, se contienen, se aglomeran hasta nublarme la vista. Y ¿todo para qué? Para no llorar tu ausencia. Mis labios se marchitan, se resecan y se agrietan. No es el sol quien me los quema. No. Simplemente... son tus labios que no besan.
Chicas azules
Tabaco. Gaviotas. Fumar. Cosas. Echar de menos. Recuerdos. Árboles.
En verdad, no sabemos nunca si vamos a volver.'todas las veces son la última vez' y yo ahora mismo me siento como diciembre, al final de algo que termina, pero cerca de nuevas cosas que han de suceder. Es importante saber cosas. En verdad, no.
martes, marzo 13, 2007
A veces
a veces conocemos personas quienes logramos estimar,
pero a veces conocemos personas a quienes nunca podremos olvidar.
Porque ocuparon tanto pero duraron tan poco,
tanto que recordarlo es como tener un sueño fugaz,
que te lleva al cielo infinito,
que no sabes en dónde empezó ni dónde terminó,
pero sabes que existió...
Porque lo viviste plenamente...
Nada a pecho
Cada final ha sido diferente. No me acuerdo ya cuántas veces hemos empezado nuevamente después de cada 'final definitivo'. La tranquilidad, emoción y consuelo del regreso sólo cubrían cínicamente la impaciencia, la incomprensión, la desconfianza. Dulces efímeros momentos de felicidad. Dulces sueños forzados y dulces palabras de amor para convencernos de algo que queríamos y no teníamos.
Miradas fijas, abrazos fuertes y deseo desbordante al hacer el amor regalaban a nuestra fantasía sonrisas de hombre conforme y de mujer feliz... pero nunca lo fuimos.
Debimos ser más inteligentes, más honestos. Debimos querernos más y ocultar menos nuestros sentimientos; no hacia nosotros pero a nuestra vida antes de nosotros. A esa vida que no pudimos olvidar, a esos complejos y pasiones cortas que no pudimos dejar de recordar, que no quisimos decir adiós...
Tomará tiempo para saber qué he ganado. Ahora debo hablar sólo por mí, pero sé que he ganado menos de lo que perdí y eso, según yo, no es bueno.
Pero ya basta de resentimiento, de pensamientos negativos, de recordar palabras e imágenes que probablemente nunca se dijeron u ocurrieron como nuestra mente, masoquista algunas veces, nos hace acordar. Basta de seguir estancados en el recuerdo y en el recuerdo de explicaciones que nunca nos satisficieron. Basta de culparnos o pensar que otros nos culpan. Basta de perder más el tiempo, basta de engañarnos pues nosotros sabemos la verdad, basta de ser lo que aun no estamos listos para ser. Basta de tomar las cosas tan a pecho.
Siento mucho haberte hablado así. Te quiero más que la parte en mí que me dice que no es así. Sin embargo, eso no es suficiente.
No te amo... y no lo volveré a hacer...
Adiós... por favor no nos confundamos... por una vez ya estamos de acuerdo.
lunes, diciembre 11, 2006
Escribir poesía
Mujer, amada mía,
¿Cómo he de escribir poesía?
si la musa que me inspira no llega,
se bajo del metro cuando venía
y por eso no te escribo un poema.
Y aunque me gustaría escribirte
palabras bonitas en sonetos
no tengo imaginación para eso,
mejor te escribo cuentos
de princesas encantadas
y de príncipes apuestos
de dragones en jaulas,
y de monstruos honestos;
cosas como esas que puedo
escribir sin tanto esfuerzo,
por que para decir que te amo…
para eso no hace falta tanto verso.
lunes, octubre 30, 2006
Yo, pecador
Sabes que andan diciendo que eres guerrillero de la gente de Cabañas, ¡¡eso es muy serio!!
El sargento escupió con desprecio la cara de José. Mientras el gargajo resbalaba por el rostro del detenido, los demás soldados se carcajeaban y hacían bromas.
El camión militar que transportaba a José García desde Chilapa a Chilpancingo Guerrero se detuvo bruscamente. Los cuatro soldados y el sargento fueron hallados muertos por la tarde ese día, metidos entre la floresta.
Dicen que José García se fue a Estados Unidos y no se ha sabido mucho de él desde entonces. Por fuentes muy confiables me he enterado que José nació en Nayarit, estudió la normal rural y se graduó en San Marcos Zac. en 1986. El día que lo aprehendieron en Chilapa fue por una tontería. Estaba admirando esa gran Iglesia en el centro de la ciudad, ésa con el ángel en la cúspide... enorme templo. Su error fue meterse al templo y escuchar cosas que no le parecieron bien.
Un sacerdote regañando un pobre indígena porque no depositó el diezmo obligatorio. Así decía un gran anuncio en la entrada del templo… 'DIEZMO OBLIGATORIO.' El sacerdote apuntaba el letrero y seguía regañando al pobre indígena. Según cuenta la gente que escuchó... ésta fue la fina conversación entre el sacerdote y José.
-Oiga padre con una chingada, ¿que no ve que no saben leer?
-¡¡Más respeto en la casa de Dios!!
-Con todo respeto, padre... No jodan esta pobre gente… que no ha mirado cómo viven.
-Hijo, moriremos y ¿qué nos llevaremos?
-Eso mismo le pregunto padre y ¿sabe que?, ya me está dando coraje su cinismo. Estoy viendo cómo se ha enriquecido la iglesia y cómo ha construido tantos templos como éste.
-No debes juzgar hijo y además, qué te importa a ti, lárgate de mi iglesia.
-Claro que me voy, pero antes de dejarle mi diezmo... dígame qué edad tiene.
-Treinta y tres años, la edad del Cristo. Ah, y no quiero tu diezmo, sólo lárgate y no alborotes la indiada, de seguro eres de esos maestritos comunistas.
-Mi diezmo es para Dios padrecito, pero ud. lo va recibir.
Dicen que José le dio la madriza de su vida al curita ese y lo dejo inconsciente y en un charco de sangre. La gente se asustó mucho, pues nunca se había visto eso ahí en una iglesia. José apenas iba subiendo al colectivo cuando ya lo había rodeado la judicial, y enseguida pasó al cuartel. Algo quedó de bueno de todo eso. En la iglesia quitaron el cartel de 'DIEZMO OBLIGATORIO'... no vaya aparecer otro José García preocupado por darles su diezmo en forma tan efusiva.
José García tal parece que está peleado con Dios. Cuando entrevistaron a su hermano mayor contó una anécdota por demás interesante. Cuando la familia vivía en un pueblito de Nayarit, una tarde José, que apenas tenía seis años de edad fue descubierto destrozando un crucifijo con una piedra.
El hermano aterrado corrió a llamar a la madre...
-Córrele ma' que el José está matando a Dios.
-¿Pero qué dices escuincle, cómo está eso..?
-Que el José está matando a Dios con una piedra y ya pasó alguien a avisarle al padre Eduardo.
El padre llegó corriendo sólo para atestiguar incrédulo la carnicería de José contra el salvador del mundo.
El niño iracundo con una mano sujetando el crucifijo sobre una roca y con la otra armado con terrible piedra repartía golpes a un abollado y semidestrozado Cristo.
-Y éste... porque no tengo a mi papá... (golpe)
-Y éste... porque no tengo zapatos... (golpe)
-Y éste... porque mi ma' no tiene dinero... (golpe)
-Y éste... porque sólo tengo una camisa y muchos tienen más... (golpe)
-Y éste... porque tengo mucha hambre... (golpe)
-Y éste...para que te mueras y no nos hagas más mal.
El cura declaró que el niño estaba endemoniado, que sólo así se explicaba que a tan temprana edad fuera capaz de tal acto. José no se escapó de tremendas cachetadas que le dio el cura y el cura no escapó a una amenaza que se cumplió diez años después. Un día antes de dejar el pueblo cuentan que José fue a la casa donde se quedaba el cura y lo abofeteó en plena calle, recordándole la promesa que le hizo de niño, diez años atrás.
Cuentan además que José alteraba el 'Yo, pecador' a su manera, cosa increíble en un niño de seis años.
Yo, pecador que no tengo padre.
Yo, pecador que no tengo zapatos.
Yo, pecador que tengo mucha hambre.
Es remarcable, aún así, que ningún niño de ese pueblo terminó siquiera la enseñanza secundaria. En cambio José fue el único profesionista salido de esos lugares olvidados.
miércoles, septiembre 20, 2006
Un minuto
Voltea la vista hacia la luna,
búscame entre las nubes más blancas,
ahí, donde te indique tu corazón.
Extráñame, deséame, dame un beso,
grítame con los ojos, sólo con una mirada
dime cuánto me quieres, explícale al silencio
como inventamos las palabras con nuestros ojos.
Cuántas veces me has lo has dicho
todo con una mirada.
Ése que te buscó, éste que está esperando por ti
es ya sólo tuyo, creado por ti,
inventado por una casualidad fantástica en tus manos,
en un hilo de tus dedos, en el color de tus uñas blancas
que amo cuando no veo,
cuando siento que me acaricias desde lejos,
cuando me despierto por un suspiro de tu aliento,
cuando el saludo fresco de la mañana me trae contigo
después de haber dormido sin ti.
Nunca más contigo, siempre ya sin ti.
Todos los días es siempre,
todo el pasado es ya nunca,
los treinta segundos que vivo pensando,
recordándote, dándote mil pedazos del canto
de los pájaros que me dicen tu nombre,
de tu risa que está en el ruido del agua que corre,
de tu sonrisa que es el dibujo perfecto del cielo
cuando se torna de azul profundo.
Ven por mí, llévame un minuto,
aléjame de esta vida.
Muéstrame la vida desde dentro de ti,
desde el minuto en que estamos juntos,
desde el infinito que no empieza ni acaba
cuando me veo reflejado en tus ojos,
en tu espalda, sin llaves, para abrir tu corazón.
Permíteme devolverme a donde no estoy,
Llévame, dame todo lo que no he descubierto,
lo que no has renovado del fondo de mi aliento.
Abrázame, sorpréndeme dándome un beso que tanto espero.
Un minuto de tu vida,
el renacer para mí.
martes, septiembre 19, 2006
Poema breve
No lo era, cierto,
Estuviste en lo cierto.
No era mentira, tampoco,
Pero tampoco era cierto.
Ya pasara con el tiempo
O se pasara el tiempo,
Sin que pase nada
Hasta que no haya tiempo.
No habrá mas nada
O habrá mas de nada
O un "gracias" y un "de nada"
Y luego no volverá a haber nada.
No soy capaz, repetiste,
Nunca lo he sido, afirmaste,
Y te repetiste en tu historia misma
Capaz o incapaz, de empezar a odiarme.
Y ahí seguimos,
Siguiendo la vida,
Tu siempre cansada,
Y yo siempre tan triste
Y a veces cansado de que estés cansada.
martes, septiembre 05, 2006
¡Nunca como hoy te había extrañado tanto!
La tarde fresca. En la calle un vientecillo soplaba tenue acariciando mi cara, pasando entre mi cabello y el sol abrazando mi espalda. En ese momento, ese instante de tranquilidad me recordó a ti. Sin querer, o queriendo, me remonté al tiempo, cuando al inicio, caminábamos por las calles. El sol nos sonreía, el viento nos empujaba uno junto al otro. Sentí nuevamente tu mano en mi mano, suave, los dedos entrelazados. Volví a sentir esa tranquilidad que, a veces, no comprendía cuando estaba contigo, en tu presencia. Nos recordé caminando por la calle creando un mundo sólo para nosotros. Un mundo mágico, místico, único.
Tan real y vívido fue el recuerdo que pude vernos otra vez de la mano andando por las banquetas, cruzando calles, soñando; sintiendo que la vida era buena, sin preocuparnos por el mañana, por la hora o por el tiempo lluvioso. Sin un lugar a donde ir, eso no era importante.
¡¡¡Dios!!! cómo deseé verte.
Deseé encontrarte a la vuelta de la esquina y caminar de nuevo junto a ti.
¡No lo soporte! No aguanté y te llamé nuevamente y... no estabas. No te encontré. Cayó mi ilusión de caminar contigo al menos teniéndote al teléfono. Oír tu voz fue imprescindible y necesario en ese momento, sin embargo, quien contestó me informó de tu ausencia en casa.
La tristeza inundó mi corazón, mi alma y mi ser. Hoy, en ese instante, entendí cuánto perdí y cuánto se fue contigo.
Es extraño como a medida de que pasa el tiempo, recuerdo las pequeñas cosas que disfrutaba contigo y que creo nunca te dije.
Rumiando mis pensamientos también comprendí que ahora, tal vez, otras manos se entrelazan en las tuyas, que otro es el que contigo camina. Te vi cruzando calles y avenidas, caminando sin rumbo, sólo por el placer de hacerlo. Te vi andando por ahí con el sol abrazando tu espalda, el viento rozando tu cara y una tarde compartida con otro que no soy yo. Y aún sabiendo todo eso tuve que reprimir mis deseos, porque te extrañé tanto que quise irte a buscar; tuve que frenar mis impulsos para no salir corriendo y jugar a encontrarte. Tuve miedo, no de hallarte sino de verte acompañada, por eso desistí.
En este momento, cuando el sol ya ha caído y la tarde se ha ido, reflexiono acerca de lo que sentí. No me explico qué pudo hacer que te extrañara como hoy te extrañé... Tal vez el viento me susurró al oído tu voz, o quizá me trajo el aroma de ti, ésa, tu esencia que tanto me gusta... quizá el mismo sol que acariciaba mi espalda tuvo algo que ver, porque esa sensación de un cálido y suave toque fue muy semejante a cuando contigo me encontraba bien, sin pelear, sin enojarnos, sólo siendo yo mismo junto a ti. Y aunque suene a locura he de decirte que te sentí como hace mucho; no sé si hayas estado en la calle o en algún lugar cerrado, solo sé que el aire me decía hacia donde mirar y mi corazón hacia donde caminar, pero no hice caso, esta vez...
Esta vez te dejé ir, a pesar de que nunca como hoy te había extrañado tanto.
jueves, agosto 31, 2006
Mi secreto
trato de decir tu nombre en silencio.
Quiero encontrar una palabra parecida a tu nombre,
Para que si alguien me escucha, no se enteren de mi secreto.
Cómo quisiera cada noche poder decir tu nombre sin el temor del sonido,
sin tener que pensar en lo que pensarán los demás,
cuando lo único que importa, aunque no te importe, es lo que piensas tú.
La noche está llena de silencios y vacía de ti.
Mis ojos, a punto de cerrarse por cansancio de nada,
deberán encontrar un pretexto ideal para seguirte
viendo con los parpados cerrados y soñarte,
para descansar de todo, menos de ti.
Esta alma, que consume su tiempo escribiendo,
mientras tú bailas, o duermes o hablas tan lejos de ella,
no logra escaparse de ti
y se mofa de sí misma cuando se ve tan humillada
por la insistencia de pensarte.
Y cuando llega la luz del día,
y mis ojos aún cansados se reabren,
quisieran inaugurar su día con la hermosa imagen tuya.
Pero no estás,
al menos no aquí conmigo.
Alguien más tendrá la dicha de verte antes que yo.
Tú misma quizás
cuando te pares frente al espejo a contemplarte
con vanidad por saberte bella.
Y yo que ya no sé cómo terminar esto que empecé sin darme cuenta,
deberé intentar que mi rutina continúe
y rezar por un milagro clandestino,
y esperar no sé hasta cuándo para poder gritar tu nombre,
y verte a los ojos
y decirte que ya no eres un sueño…
Sino, más bien,
mi más ansiado despertar.
martes, agosto 29, 2006
Anoche tuve un sueño...
Soñé que hablabas al silencio y tus palabras llegaban a los oídos de quien partió ya hace un tiempo, que le decías lo mucho que te hace falta, de lo mucho que le añoras, de lo mucho que sientes la falta de sus palabras y cada uno de sus consejos.
Soñé que pedías ayuda a los cielos, a la inmensidad de los mares, al eco de las quebradas, porque muchas veces no sabes qué hacer o qué camino tomar.
Soñé que lograbas escuchar el rumor de la tormenta, que siempre está al final del horizonte, esperando el mejor momento de descargar su energía sobre la tierra, diciéndote a lo lejos, que te trae un mensaje de esperanza con la lluvia y el viento, porque así el ciclo de la vida vuelve a comenzar como cada uno de tus días y tus sueños.
Soñé que tu alma era libre de toda ira, rencor y decepción, que lograbas dormir y soñar en el día que viene, que tus pensamientos sólo estaban enfocados en lograr que todo lo que tú eres crezca en la inmensidad del amor.
Soñé que tu alma alberga sólo amor, que tu risa es el espejo de ella, que tus ojos brillan por la luz de tu espíritu, que tus gestos son el reflejo de tu amor.
Anoche... soñé tan solo contigo.
La primera muerte
Había pasado toda la noche tratando de recordar qué había sucedido antes, y nunca llegó a pensar que se había muerto.
Faltaban cinco minutos para que el reloj de la plaza central marcara la hora en punto, cuando se levantó sin percatarse de que su cuerpo aún yacía tendido sobre la cama.
Había estado pensando, desde hacía más de dos o diez horas antes de acostarse, y nunca logró resolver el misterio del primer pecado.
La primera imagen que le vino a la mente antes de ponerse a pensar, fue la de un pobre hombre pisoteado por una bestia mucho más grande que él, y pensó en lo injusta que era la vida.
“El hombre se traga al hombre” rió, no sabía por qué le habían salido sin querer aquellas palabras que sin duda leyó en uno de tantos libros, pero estuvo de acuerdo en que venían acorde a la ocasión.
Bebió un poco de agua y se le olvidó renegar como siempre lo hacía los domingos por la noche, antes de de terminar su descanso semanal. En la televisión las noticias deportivas anunciaban los resultados del fútbol “Ganó el Barcelona 2-0 y ahora lleva once puntos de ventaja...” eso lo hizo sentirse feliz.
No se cepilló los dientes, pero pudo haberlo hecho si el teléfono no hubiera sonado antes de que también olvidara lavarse la cara. Mucho después de que todo pasara, se lamentaría de no haberlo hecho “Al menos hubiera muerto con la cara limpia” diría.
Levantó sin titubear el teléfono con la esperanza de que fuera quien él quería que fuera, pero no. Otra vez no. La llamada se cortó después del primer “bueno”y lo único bueno fue que ya no quiso levantarse al baño y decidió quedarse acostado de una y por última vez en esa noche.
Si hubiera sabido que no iba a lograr dormir más que en el sueño de su primera muerte, tal vez nunca se hubiera acostado.
“La vida a veces es muy injusta” y sin querer se le resbaló una gota de llanto por la mejilla.
Su mente se quedó repitiendo la frase una o dos veces. Luego otra y otra más, hasta un número que no alcanzaría para llegar a las mil, hasta que se perdió confundida con una de tantas más que le pasaban por la mente en ese mismo momento.
No quiso voltear a ver el reloj por flojera o por incertidumbre de saber o de no saber qué hora era.
“Me gustaría que volviera amanecer como si fuera ayer” se dijo con desconsuelo.
“A veces la vida es muy injusta”, la frase lo ocupaba todo, se iba por momentos, pero siempre regresaba a ser el punto de partida de todo lo demás.
“Nadie sabe lo que tiene...” y no se atrevió a completar la frase, porque sintió un dolor profundo.
Luego vinieron viejos remordimientos por lo que alguna vez pensó en hacer y nunca hizo, por lo que había querido decir y nunca dijo, y se guardó un poco de dolor y de odio para sí mismo y quizás para alguien más que lo mereciera después.
El viento de fuera era casi imperceptible, pero en el silencio obscuro de la noche, y en la soledad de aquellos pensamientos se colaba por los resquicios diminutos que dejaba la imaginación.
“Por qué si se lucha tanto por algo, de pronto viene alguien más y se lo lleva” No tenía explicación. O al menos en su mente y en ese momento no existían respuestas.
Fue entonces cuando se puso a sí mismo sobre la balanza de las comparaciones y pensó por primera vez en cambiar y dejar de ser.
“En esta vida lo malo parece ser lo mejor, el mundo debe ser de los malos...”
Luego se consoló pensando que todo era una locura.
“Es tiempo de dormir”, recordó.
Pero la mente no quería descansar.
Había algo taladrando el alma y sabía que estaba muy próximo a llegar al fondo de algo.
Por orgullo o por inseguridad no quiso llorar. “No más lágrimas” se dijo.
Abrió los ojos como un reflejo o una costumbre y se quedó mirando a la puerta, esperando que entrara ese alguien que tanto esperaba a decirle algo, que se rompiera la soledad o que se cayera la casa para volver a empezar de nuevo.
Luego volvió la vista al techo vacío, blanco como siempre había sido, contó los cuadros y los midió con el instinto que aún le sobraba de sus días de escuela y recordó algún otro amor lejano, separado por la distancia y por el tiempo.
Se puso la mano en la frente para pensar mejor, y dudó si debía apartarla cuando se sintió mojado por sudor frío, pero no se distrajo de sus pensamientos.
“Quienquiera que haya dicho que quien da amor recibe amor, nunca debió estar enamorado” se dijo con ironía, y en ese momento creyó que no había nadie más en el mundo que entendiera nada de las cosas del amor.
Luego se acordó de García Márquez: “El amor siempre es eterno... mientras dura” lo había leído en uno de sus tantos libros. Siempre pensó que él era el mas grande escritor de novelas, al menos para él.
Y se le hizo un nudo en la garganta cuando volvió a pensar en todo sin que recordara nada.
Había comido mangos un día o un mes antes, y pensó que no existía nada más delicioso.
Luego se imaginó los labios de ella mojados por el néctar de la fruta fresca, y se le partió el corazón en dos o en tres o en mil.
No había explicaciones para nada.
Había muchas preguntas que no quería preguntar para no saber la respuesta, “A veces el condenado a pena de muerte se muere antes por la pena de saber que lo van a matar”
Y se quiso olvidar de todo, y se quiso menos a él mismo cuando se sintió incapaz.
Y se quedó sin hacer nada. Cerró los ojos y empezó a quedarse...
Sintió entonces el frío de la ventana, y nunca lo interpretó como el frío de la muerte.
Su corazón se aceleró, su mente recordó todo otra vez y por última vez al mismo tiempo, los lugares, las risas, el tiempo, las ilusiones, los besos que nunca fueron, los abrazos que quiso dar, el llanto que no se lloró, alguna palabra que nunca se dijo, algún te amo que nunca escucho o que no le quisieron repetir, sintió todas las emociones, la sangre caliente en el último intento de no quedarse o de no irse, los juegos de niños, el agua de lluvia, la arena de la playa, el sabor de las uvas, el olor del vino, el placer del canto, un grito en silencio, un éxtasis delicioso, una furia, la dicha, el desencanto, el desamor, un suspiro, una caricia tierna, unos pies pintados de rojo, un vuelo en paracaídas, la alegría de saberlo todo, la impotencia de no poder pelearse contra el destino, la traición, la mentira, el frío, el calor, el dolor, el amor, la vida, el último aliento profundo... un respiro. Un abandono de sí mismo.
Y la muerte.
Dos de los cuatro espíritus que lo vieron diagnosticaron que se había muerto de nada.
Otro, el más coherente y el menos indicado dijo que se había muerto de amor.
El último dijo que nada de amor ni nada de nada, se había muerto por el puro placer de morirse.
Cuando se levantó de la cama, aún sin saber que había muerto, quiso correr a buscar lo que tanto amaba.
Caminó mucho tiempo sin que pasara el tiempo, era su último minuto, su último deseo, o como se les dice a los condenados a vivir la muerte, su última voluntad.
Se resistió a pensar que podía haber muerto. No quiso saber que lo estaba.
La niña linda de la mirada dulce y el cabello rizado a quien adoraba con tanta devoción, no se enteraría de lo sucedido sino hasta mucho tiempo después, cuando ella misma caminando descalza y con su enorme sonrisa intacta dibujada en su cara de virgen, se acercaría a él para tomarlo de la mano y devolverle la vida.
Cuando el sintió que ya no era capaz de sentir nada más que el fuego ardiente de su misma pasión, ahogándose en el frío de la noche o de la muerte, empezó a pensar en lo inevitable. Borracho de deseo y ansioso de ternura, levantó su mano a la nada, esperando nada, sabiendo que no había nada.
Por la madrugada, las campanas de la iglesia doblaron acompañadas de un coro de cupidos, pero nadie pudo escucharlos, excepto aquellos espíritus solitarios que vagaban inconscientes, de quienes alguna vez en algún lejano tiempo habían también muerto de amor.
Muchos sintieron pena por él, otros más se alegraron de tener uno nuevo entre ellos, sólo los de las almas más sensibles se sintieron orgullos de saber que aún había alguien que fuera capaz de morir por amor.
El único que no estaba conforme con nada, era el muerto.
Recibió el llamado divino para ser juzgado y se negó a escucharlo, se negó a irse sin haber sentido el calor de los labios de su bien amada.
Fueron necesarios dos pelotones de ángeles y dos más de demonios para llevarlo a juicio y arrancarlo desgarrado de la tierra y de su primera muerte.
Cuando llego frente al jurado, con la cara bañada en lagrimas de impotencia, sintió pena por sí mismo y más aún por quienes no sabían lo que era sentir el amor.
El juez que lo recibió fue un hombre viejo de palabras firmes y frases cortas, que sin pensarlo lo declaro culpable.
“Puedes alegar perdón, pero si has llegado hasta aquí, es porque debes ser juzgado” le dijo.
“No, no lo entiendo” alcanzó a decir.
“Nadie entiende la muerte, y menos si es por amor”
“¿Y por qué debo ser juzgado?”
“¿Por qué te atreviste a juzgar a lo que amabas, sin haberte visto antes en el espejo de tu realidad?”
Agachó la cara por vergüenza o por piedad, y sin levantarla y con lo último que le quedaba en la voz alcanzó a preguntar:
“¿Qué castigo merezco?”
“El único que tú mismo te has dado”
“¿Qué es lo que me ha matado, qué pecado he cometido?”
“Te has matado tú mismo, te mató tu desconfianza”
Se le hizo un nudo en la garganta y si no rompió en llanto, fue por respeto o por dignidad disfrazada de valor.
“¿Y cuál fue mi primer pecado?”
No encontró respuesta para esa última pregunta, después de un breve silencio que bien pudo haber durado dos segundos o dos años, la luz de la nueva esperanza le trajo la paz que no reconoció a primera vista.
“Siempre amaste más de lo que te amaron... creo que eso te ha salvado. La muerte es fría, pero dentro de ti aún hay algo que se mantiene vivo. Aún puedes volver a creer...”
La voz se fue desvaneciendo en el aire como la noche de aquel último día, la frase se impregnó en la mente del enamorado y le bastó escribir su historia para saber todo aquello había sido mucho más que un sueño.
El primer día del nuevo mes no amaneció nunca más para él, nunca más para el que era antes.
Cuando el ángel de la mirada dulce y el cabello rizado le susurró al oído su primer te quiero, entendió que tenía que ser mejor para lograr la paz, supo que tenía que ser paciente para llegar a lo que tanto amaba, supo que había que hacer algo más que un esfuerzo para merecerla, supo que ya no sería él lo que era antes, supo que a partir de entonces había nacido para él y para ella, desde él y en él, alguien nuevo.
martes, agosto 08, 2006
Volví
desde adentro de ti volví,
donde estaba guardado para ti volví,
volví para devolverme a ti,
para acordarme que habías olvidado de ti,
para rescatarte del miedo que no escondes,
para ayudarte a salvarte de mi, volví.
Volví hecho pluma y papel,
hecho tinta y letras,
aquí adentro de tu pecho
del puño de tu mano abierta,
del aire que exhalaste en la primera madrugada,
en el aliento agitado de tu respiración dormida,
en un pensamiento tuyo, en una imagen,
en una palabra que no me dijiste,
en un te quiero que se dibujo en tus labios,
en un último movimiento de tu boca, me devolví.
Volví a encontrar la inspiración tuya en mí,
a mi olvidado oficio de escritor frustrado volví,
volví gracias a tus palabras calladas,
y al beso que no quisiste darme,
a que me reencontré por ahí despedido,
en algún camino tuyo,
por ahí volví.